Salir a comer se convirtió en un lujo: 8 de cada 10 familias recortaron las salidas

La pérdida del poder adquisitivo, el aumento de las tarifas y el peso creciente de los gastos fijos cambiaron las prioridades de los hogares. Comer afuera dejó de ser una costumbre y pasó a ser un gasto que muchas familias directamente eliminaron.
La crisis del bolsillo empieza a reflejarse con fuerza en los hábitos cotidianos de los argentinos. Ocho de cada diez hogares redujeron o directamente dejaron de salir a comer, mientras que casi la mitad aseguró que no concurre a un restaurante ni siquiera una vez al mes.
Los números surgen de un relevamiento realizado por Ecolatina y ShoppApp durante abril y muestran un deterioro respecto de la medición anterior. El dato más contundente aparece en la frecuencia: solo el 1% de los encuestados afirmó salir a comer dos veces por semana, mientras que creció con fuerza el grupo que redujo sus salidas.
Entre enero y abril, quienes reconocieron que salen a comer con menor frecuencia pasaron del 27,6% al 32%. En otras palabras, para una gran cantidad de familias, una cena, un almuerzo o una salida gastronómica dejaron de formar parte del presupuesto habitual.
El ingreso ya no alcanza como antes
El problema excede a la gastronomía. El 67% de los hogares manifestó que no llega con comodidad a fin de mes o que directamente no le alcanza el dinero.
El relevamiento registró además una caída de las respuestas asociadas a una situación económica más holgada. La cantidad de hogares que afirmaron que podían ahorrar algo se redujo cuatro puntos, mientras que quienes dijeron que el dinero les alcanzaba retrocedieron cinco puntos.
El escenario se explica, en buena medida, por el aumento de los gastos que las familias no pueden evitar. Según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), los gastos fijos representan actualmente 15 puntos más del salario que hace apenas dos años, impulsados principalmente por el incremento de las tarifas de servicios públicos y del transporte.
Así, cada vez queda menos dinero disponible después de pagar alquiler, servicios, transporte, alimentos y otros gastos esenciales.
Gastronomía: un sector que siente el golpe
El cambio de comportamiento impacta directamente sobre bares y restaurantes.
El informe señala que la actividad gastronómica logró estabilizarse, pero muy por debajo del máximo alcanzado a fines de 2023, y advierte que recuperar aquellos niveles de consumo aparece como una tarea difícil.
La explicación es sencilla: cuando el dinero no alcanza, las familias reorganizan sus prioridades y los gastos vinculados al ocio y al entretenimiento suelen ser los primeros en recortarse.
Salir a comer ya no es una actividad habitual para buena parte de los hogares. Es una excepción, una salida especial o directamente un gasto que se elimina del presupuesto.
Argentina, cada vez más cara
A la caída del consumo se suma otro problema: el elevado nivel de precios en distintos rubros.
Un estudio elaborado por los economistas Marcelo Capello y Gaspar Reyna, del IERAL-Fundación Mediterránea, comparó precios argentinos con los de Brasil, Chile, México, Estados Unidos, Francia, Polonia, Australia, China y Corea del Sur.
El resultado volvió a mostrar una Argentina cara en numerosos productos y servicios.
En alimentos y bebidas, el país resultó más caro en el 47% de los casos comparados. Brasil, por ejemplo, presentó precios inferiores en ocho de los diez productos analizados.
Pero la mayor diferencia aparece en bienes durables, indumentaria y calzado: Argentina fue el país más caro en el 81% de los casos relevados.
También se registraron fuertes aumentos relativos en productos como la carne vacuna, las papas y la cerveza, mientras que el arroz mostró una mejora relativa frente a los precios internacionales.
Menos consumo, menos ahorro y más ajuste
El deterioro del ingreso disponible no solo afecta las salidas a comer. También limita la posibilidad de ahorrar y de acceder a bienes durables.
Con salarios que pierden capacidad de compra y gastos fijos que absorben una porción cada vez mayor del ingreso, las familias quedan atrapadas en una lógica de ajuste permanente: primero se recorta el ocio, después el ahorro y finalmente se comienza a restringir el consumo cotidiano.
Los números reflejan, en definitiva, algo que se percibe cada día en la calle: para una gran parte de los argentinos, llegar a fin de mes volvió a ser el principal objetivo. Y comer afuera, que alguna vez fue una salida cotidiana, hoy empieza a parecerse cada vez más a un lujo.