Los crímenes ocurrieron esta madrugada, uno en Lanús y el otro en Córdoba, donde el autor del hecho fue un policía en actividad.

Dos mujeres fueron asesinadas y los femicidas, sus propios maridos, se quitaron la vida a continuación, con sus propios hijos como testigos del drama que se desencadenaba en sus propias casas. Los hechos ocurrieron en Lanús y en Córdoba, donde el autor del crimen fue un sargento primero de la policía provincial, que le disparó a su pareja con su arma reglamentaria y después se suicidó, delante de sus pequeños hijos, que fueron quienes salieron de la casa para pedir ayuda a los vecinos.

Este terrible suceso se produjo en la localidad de Silvio Pellico, en el sudeste de Córdoba, a 180 kilómetros de la capital provincial, donde la policía halló los dos cadáveres esta madrugada.

Eran las 3 de la mañana cuando uno de los hijos del matrimonio, de solo 6 años, que junto con su hermano más chico habría presenciado todo, llamó a los vecinos.

Según los testimonios recogidos hasta el momento, al lado del cuerpo de uniformado estaba su arma reglamentaria y, cerca de él, el cadáver de la mujer con un balazo.

La fiscalía de Primer Turno de Villa María, a cargo del caso, investiga los hechos como un homicidio calificado seguido de suicidio.

Ezequiel Seia, de 36 años, revistaba en la seccional de La Playosa, localidad vecina a Silvio Pellico. Según las primeras hipótesis, habría tenido una fuerte discusión con su pareja antes de dispararle a Romina Depetris, de 34, y matarse.

La fiscal Silvia Maldonado espera los resultados de los peritajes para determinar los datos precisos sobre el hecho. “La pelea fue escuchada por vecinos y uno de los menores se acercó a pedir ayuda”, dijo la funcionaria judicial.

En Lanús

Un drama similar se desencadenó casi al mismo tiempo en una vivienda situada en Albarracín al 4100, de la localidad de Monte Chingolo, donde residían Griselda Delucasde 42 años, y Omar Acostade 43.

Alrededor de las 3, un hijo de la pareja escuchó una discusión y golpes en la habitación de sus padres, por lo que fue a alertar de la situación a un familiar que vive al lado.

De pronto, se escucharon disparos de arma de fuego. Cuando la policía llegó al lugar encontró a Delucas y a Acosta muertos. Ella con el cráneo destrozado —aparentemente, por golpes con un bate de béisbol— y un balazo en el rostro, y él, con un tiro en la cabeza.

Debajo de un pie del hombre, que trabajaba como enfermero, quedó una pistola Bersa Thunder calibre .380; cerca de los cuerpos estaba el bate, que también fue incautado.

Allegados a la víctima señalaron que las discusiones en la pareja eran frecuentes y que ella se quería separar de su marido, aunque no había denuncias contra él por violencia de género.

El hecho es investigado por la fiscal María Soledad Garibaldi, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°8 especializada en delitos contra la integridad sexual, informáticos, violencia familiar y de género del Departamento Judicial Avellaneda-Lanús.

LA NACION

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